EL
CEREBRO LO TIENE EL ANIMAL QUE LO NECESITA
Hugo
Méndez
El
conocimiento de la forma de vida de los tunicados podría aplicarse
perfectamente para interpretar, a) La falta de liderazgo en la gran mayoría de
los empleados públicos, especialmente en el grueso de docentes y directivos
estatales. Y, b) La presencia de una cultura organizacional de conformismo que
lamentablemente es fuerte en la gran mayoría de las instituciones públicas , en
especial, las educativas.
El
prestigioso científico colombiano Rodolfo Llinás, investigador y catedrático de
Neurociencia en la Universidad de Nueva York y asesor de la NASA, es uno de los
más reconocidos neuroinvestigadores del mundo. Desde hace una década viene
investigando la interesante forma de vida de los tunicados. El plantea la tesis
de que “el cerebro lo tiene el animal que lo necesita” y lo sustenta
recurriendo a la forma de vida de los tunicados, los cuales son unos animales
muy pequeños que viven succionando agua. Su aspecto es parecido al de una
botella y viven en un hoyo de roca. Cuando estos animales se reproducen,
engendran larvas (parecidas al espermatozoide) nadadoras. El único objetivo o
meta ansiada para los tunicados es encontrar un hoyo semejante al de sus padres
para poder vivir felices. Una vez que lo han conseguido (prácticamente es como
alcanzar el sueño más ansiado por un ser humano, que podría ser una hermosa
casa con todas sus comodidades), su motivación virtualmente se esfuma debido a
ese gran logro y, como el cerebro ya no les resulta útil, simplemente se lo
comen quedándose apenas con un cerebro rudimentario, que tan sólo pueda
servirles para controlar el succionamiento de agua.
Rodolfo
Llinás al ser entrevistado por Punset, sobre los tunicados, animales que viven en el
fondo del mar, afirma
que, “Son como una especie de botella,
tienen una piel delgadita, de un color azulado, y sólo toman agua y la empujan
con un filtro... cuando se reproducen, generan una semilla inteligente, y esto
es lo más extraordinário...” (Punset,
2010, p. 229). La característica resaltante es que, continúa Llinás “...la
semilla de los tunicados, que es móvil como un renacuajo, tiene la capacidad de
recibir luz y sabe dónde es arriba y abajo, ... tiene un sistema vestibular,
tacto y la posibilidad de entender muy brevemente el mundo externo...” (Punset,
2010, p. 229). Pero, lo más interesante, según indica Llinás, “...se mueve
activamente pero sólo vive una hora, porque en una hora se le agota la batería,
ya que carece de aparato digestivo. Nace con una yema que come a medida que va
muriendo” (Punset, 2010, p. 229).Y, Llinás,
para culminar la caracterización de los
tunicados, agrega que, “... en el
transcurso de esa hora debe buscar un sitio donde fijarse. Cuando encuentra el
lugar, se fija en él, mete la cabeza y absorbe su propio cerebro, porque ya no
lo necesita”. (Punset, 2010, p. 229)
Si
establecemos un parangón de esta forma de vida de los tunicados con la forma de
vida de los empleados públicos en general (especialmente los profesores de
todos los niveles educativos), veremos que ambas situaciones se parecen en
mucho, ofreciendo una visión poco feliz, que nos ilustra la falta de liderazgo
y la presencia de una cultura organizacional de conformismo.
Es
muy probable que, lo que pasa en el interior de la escuela se pueda encontrar
también en los centros de trabajo de los distintos sectores estatales, donde
los empleados nombrados son los que menos están dispuestos a hacer trabajar su
potencial mental cerebral y, mas bien, son los empleados contratados los que
como criollamente decimos “se sacan la mugre”, haciendo méritos para asegurar
futuros contratos; pero lo cierto es, que, preocupa mucho tal situación, em donde
los que más aportan y producen no sean los empleados nombrados dado que son
aquellos los que supuestamente aseguran la buena prestación de los servicios educativos,
de salud, etc., toda vez que tienen garantizada su estabilidad laboral, lo cual
da lugar a serios perjuicios como la ineficiencia, la ineficacia y, por ende, un
servicio o producto de mala calidad . Y, ni qué decir de muchos directores, a
quienes más bien deberíamos llamarlos líderes fantasmas. Con esto, quiero dejar
claro que no estoy en contra de la estabilidad laboral; pero, de lo que sí
estoy en desacuerdo es en la falta de liderazgo tanto de los docentes como de
los directivos y de la presencia de una cultura organizacional de conformismo
que lamentablemente es fuerte en la gran mayoría de las instituciones educativas
y que, en consecuencia, obstruyen el desarrollo de la educación peruana y, por
lo tanto, el desarrollo del país.
Por
último, con relación a este análisis, me viene a la mente la tradicional
pregunta ¿Qué es más importante: los genes o el entorno? Por un lado, lo que es
evidente es que los genes nos proporcionan la capacidad de responder de manera
particular y de forma inteligente y creativa a nuestro entorno. Y, por otro
lado, se sabe que la cultura afecta a las personas y, que también se aprende
imitando a otras personas. Con respecto al factor endógeno, es preciso destacar
lo valiosos, inteligentes y creativos que somos los seres humanos en general,
características, a las cuales apelo para cambiar la situación descrita
ligeramente líneas arriba, situación que exige iniciativas, mentalidad ganadora
y emprendedora para romper con ese factor de la cultura del conformismo o
rechazo, como condicionante exógeno, representado por el centro de trabajo,
como agente socializador, que ofrece un abanico de “estímulos” que atentan con
el desarrollo (en el caso de los docentes) de una educación de calidad en todo
el Perú.
Referencias:
Punset,
E. (2010). Cara a cara con la vida, la mente y el universo. ISBN 8423343707,
9788423343706. Grupo Planeta.
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